Es un hecho demostrado que el grupo cartel de Phoebus, compuesto por grandes fabricantes de bombillas a inicios del siglo XX, inventó la obsolescencia programada. La artimaña consistió en limitar la vida de las bombillas a solo 1.000 horas cuando ya se conseguía alcanzar cifras de 2.500 horas. Tal grupo lo formaron marcas tan importantes como Philips, General Electrics y Osram.

Aunque ese grupo se disolvió un par de décadas después, desde entonces la obsolescencia programada está grabada en el imaginario colectivo. Pero, ¿qué tiene de cierto en la actualidad?

¿Qué dicen los datos acerca de la obsolescencia programada?

Sin duda, la verdad está tras los hechos. La realidad es que el porcentaje de electrodomésticos que se deben reemplazar en sus cinco primeros años de vida por problemas técnicos se ha duplicado en los últimos años.

Tal vez alguien afirma que son los consumidores quienes fuerzan los reemplazos para disfrutar de las últimas novedades tecnológicas. No obstante, los hechos demuestran que son pocos los que renuevan grandes electrodomésticos como frigoríficos, lavadoras o secadoras solo por capricho. Únicamente 1 de cada 3 aparatos se cambia cuando todavía funciona y la mayoría son reemplazados debido a fallos técnicos. Y sin embargo, la realidad es que también duran mucho menos que antes.

¿Reduce la industria intencionadamente la duración de vida de sus productos? No se puede decir que los fabricantes hagan cambios en los productos de forma intencionada para que estos duren menos, pero los hechos indican que algo está pasando. Pero ¿cómo se puede demostrar que un defecto de fabricación ha sido intencionado? Es difícil. Pero la obsolescencia programada puede ir más allá.

¿Cuál es el punto de vista de AE Quality Service, especialistas en la reparación de electrodomésticos? La realidad con la que nos topamos es la dificultad de reparar un dispositivo: aparatos que no se pueden abrir porque en vez de llevar tornillos, están pegados. O materiales que son de plástico, se rompen, y por tanto es imposible que se puedan reutilizar. Y hasta las casas no suministren el recambio o no fabriquen dicho recambio. Eso convierte un aparato en inutilizable cuando realmente podría alargarse su vida.

Cuando los electrodomésticos dejan de funcionar antes de los cinco primeros años es evidente que no responden a las necesidades de los consumidores, además de dañar gravemente al medioambiente.

Todavía queda mucho por hacer en temas legislativos para frenar la obsolescencia programada y defender los derechos de los consumidores. Desde AE Quality Service tenemos clara nuestra postura: reparar siempre que es posible. Si eso es lo que necesitas, contáctanos.